"Me he quedado ciego... Sabía que iba a ocurrir y así lo quise. Es el precio por conservar el recuerdo de haber mirado de frente, ese maravilloso sol...". EFE
Te has vuelto tan predecible en lo que se refiere a ti y a mí, que en ningún momento dudé que no me hablarías para confirmar la cita que acordamos
Dijera Pérez Botija, en la voz de José José: “Vergüenza me da quererte”.
Dijera yo: “Vergüenza me da ponerle tu nombre a cada uno de mis villanos, y arrepentimiento me causa evocar tu rostro cada que hablo de amor”.
Espero no enrojecer ante ti en nuestro próximo e inevitable encuentro… y que no te sientas ofendido ante lo que provocas en las noches que me confundes. ¡Era tan convincente tu gesto de placer y tan quemantes las llamaradas de tus ojos…! Ahora ya no sé si lo ocurrido fue real o sólo evoco una más de tus visitas en mis sueños.
Debería ya tener claro que los eslabones que nos unieron, se han roto… Cierto, más por mi culpa al permitirme soñar de más… ¡Pero no perdono la tuya! ¡Cediste, motivaste y propiciaste lo ocurrido, esa nuestra última noche en escena!
Mi culpa es sublime, sincera, enamorada… La tuya ingrata, conveniente, interesada… Tal vez algo razonable porque “a nadie que le dan pan, con relleno cremosito, se pone a llorar”. Ahora no me queda más que pagar el precio por disfrutar tu lozanía, cayendo al profundo baúl de los recuerdos, mientras te se volando hacia un árbol distinto cada víspera de nueva noche.
Es maravilloso saber que mi imaginación cuenta contigo cuando necesita pensar en el ser más amado… pero me resulta más extraordinario saber que, como “plasmador e inventador” de historias, cuento con tu imagen para vengarme de ti mismo.
El destino suele ser cruel cuando se trata de extrañar… Hoy te extraño. En aguda crueldad, ese hoy se repite día a día… La vida te resulta mejor sin mí, mientras que la mía sólo gira en torno tuyo. Lo siento… ni tú ni yo podemos hacer nada contra ello.
¡Te amo! Que sea tu castigo saberlo. El mío… llevo cinco años pagándolo.
31 de marzo de 2010