
Quise esta noche sentarme frente a mi escritorio,
tomar una hoja y el lapicero chistoso
con el que siempre escribo,
para pedirle a mi alma
que guarde, por Dios, la calma,
mientras espero tu arribo.
El tiempo, cual cruel enemigo,
a veces me desespera.
Me hace pensar que tu llegada,
por tanto tiempo esperada,
es sólo un sueño de niño.
Yo sé que no… ¡Llegarás!
Llegarás porque creo incoherente
que esta mi espera de años,
tan llena de amores frustrados,
no tenga por premio tenerte.
Tan seguro estoy de lo que digo,
que te escribo aún sin conocerte.
Quiero darte, en primera, este escrito;
demostrarte con palabras que he tenido
¡toda una vida esperando verte!
Y si la vida premiara esta mi tan larga espera;
si mis ojos te miraran y, entre tanta gente,
te reconocieran,
no me importarían todas las cadenas,
todos los obstáculos que frente a mí estuvieran
para llegar a ti y darte como ofrenda,
este tan inmenso amor que mi corazón reserva para ti…
y sólo para ti…
mi desconocido amor…
la razón de mi existencia.
5 de abril de 1996