domingo, 16 de diciembre de 2012

¡Felices fiestas!

El mundo está tan necesitado de la paz de la noche de navidad, que sus adornos propios cada vez los vemos más tiempo en jardines y ventanas. Faltando aún semanas, las familias se unen para embellecer la casa con pequeñas luces titilantes, brillos semejantes a estrellas espolvoreados sobre guías verdes o esferas, y ornatos que evocan la nieve. Las nochebuenas se apuran a florecer, ansiosas, y el frío del invierno nos azota desde meses antes. Mucho después del paso de la temporada, aún se ven vestidos los arbustos y las ventanas; los pesebres se quedan en sus lugares para recibir los carnavales de febrero y las flores de nochebuena se niegan a quedar verdes o sin hojas… No está de más decir que la paz de esa noche depende sólo de nosotros y de qué tan adornado tengamos nuestro corazón durante el año. ¡Felices fiestas a todos! Y si se acaba el mundo... ¡nos vemos en el cielo!

martes, 23 de octubre de 2012

Maquillaje



Fue un pésimo día de trabajo para Marianela. Sus nervios crispados maltrataron a cuanto vehículo, transeúnte o limpia parabrisas se atravesó por su camino. ¡Y aún era miércoles! Le quedaban tres días más de rutina, de gritos, de prisas; y tal vez toda una vida de compartir su cama con sólo un par de almohadas y un deteriorado perrito de peluche.

No había tiempo para nada. Su vida era el trabajo no deseado y la manutención de la pequeña niña que le dejara como souvenir un amor de universidad; el único hasta esa fecha; en su cabeza: el único para la vida.

La amaba, sí; pero suspiraba por una noche de desenfado; añoraba permitir el acercamiento de algún hombre sin la terrible conversación de su ser madre soltera; anhelaba permitirse soñar con una vida ideal, el trabajo ideal y el hombre ideal, como en sus tiempos de escuela.

La niña salió a recibirla apenas vio el coche estacionarse en el jardín. La joven criada corrió tras ella pero ya no pudo alcanzarla. La pequeña le mostró orgullosa el despilfarro de maquillaje que se había puesto en la cara y Marianela explotó. Le gritó mil improperios mientras la sacudía salvajemente y ante el azoro de un artista que ve dilapidado el trabajo por el que diera su vida.

Nunca había visto a su paciente madre actuar así. Asustada, la niña se soltó del brazo y salió corriendo a la calle sin fijarse en el andar de los coches.

Era jueves. Marianela no podía desprenderse del cristal que cubría a su pequeña. La niña parecía sólo dormir, con el excelente trabajo de maquillaje que lograron en la funeraria.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Encontré...



Encontré un pedazo de amor en mi pan con mantequilla
y dos trocitos de cielo en tu recámara.
Veintisiete estrellas en tus ojos
y una fugaz en medio de una lágrima.

Encontré palabras en mi sorbo de café
y sólo pude entenderlas
cuando limpiaste mis labios con la servilleta.
Y descubrí una luna en la pared
cuando cerraste, con mi espalda, la puerta.

Encontré arena de mar en cada poro de tu cuerpo;
la concha de un animal atrapada en tu ombligo,
un alma vestida con las ropas de un mendigo
y dos alas en tu espalda rendida,
atadas con un lazo de destino
y en franca agonía.

Retocé sobre el desierto que me ofrecía tu cuerpo
y encontré agua purísima en el fondo de tu aliento.
Me terminé mi pan, mi café…
y en lugar de las estrellas ¡me encontré un universo!
Me guardé la servilleta en la alforja de mis ansias,
encontré en tu palma la raíz de una esperanza
y pude ver, mientras me alejaba,
cómo se extendían, hacia el cielo, tus alas.

viernes, 20 de julio de 2012

¡Ya puedes tener contigo No me dejes morir"

Mis queridos amigos, tengo el gusto de informarles que ya pueden adquirir mi Antología de cuentos "No me dejes morir", ya sea en la versión electrónica o pidiendo el envío físico del ejemplar. Sólo ingresen al siguiente Link y podrán obtenerla. ¡Mil gracias por estar al pendiente de lo que hago! ¡Dios los bendiga! http://www.readontime.com/ROT/ediciones-endora-merari-fierro-villavicencio-/luis-felipe-pacheco/no-me-dejes-morir_9786079109356.html "Un libro es un espejo: en él nos reflejamos y encontramos situaciones parecidas a nuestra realidad o historias que muestran nuestros anhelos de romper lo cotidiano. Esa es la virtud de la ficción: adentrarnos en mundos que contienen nuestras esperanzas, miedos o deseos. No me dejes morir es una antología de cuentos que nos abre puertas a esos universos; cada narración es un viaje a un segmento de la condición humana, donde los personajes buscan vivir con intensidad. Luis Felipe Pacheco nos guía con su prosa sencilla y rítmica por senderos sorprendentes, donde el amor, el dolor y la jocosidad se amalgaman para brindarnos cuentos y relatos que encontrarán un espacio en el corazón e imaginación del lector, quien seguramente celebrará con el gozo de la lectura los veinticinco años de trayectoria artística del autor". Jorge Enrique Escalona del Moral